23 jun 2008

Reseña (película)

Dios y Trujillo

La Fiesta del Chivo, película dirigida por el peruano Luís Llosa y producida en España,
se basa en la dictadura más larga perpetrada en la República Dominicana.

El régimen de Trujillo llevó en su seno el germen de su propio ocaso.

Willians Labrador Joves

Esta película, con su dramática producción, nos encarna en la era de Trujillo, un hombre de honor, leal, todo un caballero, presidente de una república que lo amaba, pero increíblemente tan admirables dones sobre la mesa, se fueron deslizando incesantemente por el mantel manchado de las más bárbaras intenciones de su excelencia, el General Leonidas Trujillo, aquel hombre que llevó el país a la gloria, una gloria que sobre el mantel contemplaba el progreso de la nación, y por debajo, las podridas acciones de su perverso gobierno. Sin embargo, Trujillo era el Dios dominicano.

La historia nos traslada versátilmente entre los años 1992 y 1961. Corre el año 92, Urania Cabral regresa a Santo Domingo, su ciudad natal, era hija de Agustín Cabral “Cerebrito”, mano derecha de Trujillo. Urania o mejor conocida como “Uranita”, retorna sólo por unos días desde su actual hogar, Manhattan, para encontrarse con su padre, que desde hace 31 años no lo veía. Uranita evoca los tiempos de su adolescencia ante su tía, su prima y precisamente, su padre, desdichado por una enfermedad que no lo deja mover ni hablar, casi un objeto; ella les explica, a partir de los recuerdos, el motivo de su partida y el silencio de su existencia.

Entre los años 60 trujillistas, yacen los recuerdos de Uranita que desde el 92 comienza a rememorarlos; su padre Agustin Cabral era el Presidente del Senado, uno más de la partida de marionetas de Trujillo, bastaba con que el General estrujara sus dedos, y todos estaban a su disposición. Todos, desde el mojigato de la esquina hasta los cabecillas del partido dominicano, ellos se desvelaban por el jefe, ¿qué haría usted en tal caso?, preguntaba el jefe, lo que usted me ordene su excelencia, era la respuesta común para complacerlo, y quien no le obedeciera, al jefe tampoco le remordía la conciencia para acabarlo. ¡Qué chivo éste! todo lo controlaba.

Leonidas Trujillo era el hombre más rico de la República Dominicana, con una palabra pronunciada, el país callaba, corrían los tiempos de la que fue una de las tiranías más sangrientas de América Latina, revestida de gloria, como lo dice la canción de la película “era gloriosa vive mi país”. El poder, las riquezas, las fiestas y el apetito sexual por las mujeres, le adjudicaron como cognomento “El Chivo”.

Uranita recuerda las atrocidades del régimen, a tal punto que terminó explicándole a su familia el verdadero motivo de su partida y el silencio en 31 años, ella fue víctima del abuso sexual cometido por Trujillo a sus 14 años. Luego de que su padre “Cerebrito” fue destituido del Senado por su irregular comportamiento, la vendió al jefe para demostrarle su lealtad y recobrar la confianza ante éste.

Paralelamente a todos los acontecimientos inhumanos cometidos por los trujillistas y su amo, un grupo de antitrujillistas como Antonio de la Maza, el almirante Viñas y el teniente Amado García, encabezaron la conspiración contra Trujillo, no para derrocarlo, sino para asesinarlo. Efectivamente, una noche cuando el jefe viajaba de Santo Domingo a uno de sus ranchos, fue interceptado en la carretera, y seguidamente abaleado. Es el fin de Trujillo, del general, del jefe… del Chivo, y con él se va su era.

La Fiesta del Chivo es un legado del patrimonio caribeño, una valiosa obra que cobró vida desde las páginas de la novela homónima del escritor Mario Vargas Llosa, para llegar a la pantalla grande y despertar la historia dormida que sueña con borrarse del pasado dominicano, aún así cuando sabemos que es parte de nuestra raza, de nuestro continente, es el ayer inherente de nuestro presente, la experiencia de una dictadura que muy bien puede estar gestándose paulatinamente en uno o algunos de los actuales gobiernos latinoamericanos.

2 jun 2008

Reseña (evento)


Conferencia de Investigadores Venezolanos de la Comunicación

Herrera lamentó que investigadores venezolanos estén actualmente dispersos

Willians Labrador Joves

El miembro del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (Ininco), Bernardino Herrera, expresó clara y sucintamente su discurso ante la posición de la investigación en la comunicación, aprovechando la participación concedida en el Encuentro Nacional de Investigadores Venezolanos de la Comunicación (Invecom), en el marco de la semana aniversaria de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Los Andes.

El investigador e historiador de la comunicación habló en la conferencia de Invecom sobre la dispersión y desencuentro de los investigadores, “este es un momento espectacular para el encuentro de los centros de investigación, a fin de construir una comunidad de referencia y crear proyectos en grupos”, dijo Herrera.

Hay que erigir proyectos de investigación en conjunto o integrales, convirtiendo las líneas de investigación como pequeños grupos dedicados a un área especial, en programas de investigación que implique una permanente evaluación de la misma, y crear espacios de interacción en el universo de las distintas áreas de la comunicación. “Ése es el futuro, a lo que estamos obligados todos los que coordinan, dirigen y lideran los institutos de investigación, estamos condenados a integrarnos, a encontrarnos, para contribuir con nuestras instituciones en la masificación de la investigación en la comunicación como objetivo primordial”, dijo Herrera.

El investigador del Ininco pone como ejemplo la publicación de la primera revista sobre historia producida por la academia en Venezuela. Las academias deben ir hacia el gran público, donde se trabaje con proyectos serios, sólidos, fortificados, de largo aliento, que tengan muchos años de estar investigando, para que sean exhibidos de alguna manera sencilla, amena; esto sería uno de los grandes logros que la comunicación puede aportar a la sociedad.

Por su parte, María Neumann, directora del Centro de Investigación de la Comunicación y la Información (CICI), habló sobre la necesidad de formar docentes investigadores, en incentivar a los docentes a investigar, a consolidar los grupos y centros de investigación; en la teoría de la comunicación todo cambia, y cada día hay nuevas propuestas que pueden ser base para que los profesores se conviertan en investigadores.

“Hay que realizar nuevas investigaciones, no inmiscuirse solamente en las cosas que ya se han estado investigando, existe la necesidad de que los docentes inquieran en otros temas en el campo de la comunicación, por eso, se debe tener en cuenta qué proyectos se van a realizar, cómo se van a desarrollar y a quiénes van dirigidos”, dijo Neumann.

Seguidamente, Mabel Calderín, profesora del Centro de Investigación de la Comunicación (CIC), habló sobre la investigación como sistema de comunicación documental, refiriéndose a la primera base de datos bibliohemerográficos creada por el centro, donde recoge todas las obras y trabajos con sus respectivos autores. La finalidad del CIC es buscar vías y herramientas para manejar la comunicación e información y ofrecerla al servicio de la sociedad.

“La universidad puede ocuparse del conocimiento propio o local que se desarrolla en cada localidad, así surgió el proyecto Recom, que consiste en unir toda la producción intelectual de la universidad, donde reúne base de datos de documentos especializados”, dijo Calderín.

La profesora del CIC invitó a las universidades al proyecto de crear una red de base de datos a nivel nacional, donde se congreguen los trabajos de investigación y exhibirlos al público. Sin embargo, los investigadores deberán aportar su disposición a la colaboración y participación conjunta, promoviendo la unión, para fortalecer los centros y grupos de investigación de la comunicación en el país.