Dios y Trujillo
La Fiesta del Chivo, película dirigida por el peruano Luís Llosa y producida en España,
se basa en la dictadura más larga perpetrada en la República Dominicana.
El régimen de Trujillo llevó en su seno el germen de su propio ocaso.
Willians Labrador Joves
Esta película, con su dramática producción, nos encarna en la era de Trujillo, un hombre de honor, leal, todo un caballero, presidente de una república que lo amaba, pero increíblemente tan admirables dones sobre la mesa, se fueron deslizando incesantemente por el mantel manchado de las más bárbaras intenciones de su excelencia, el General Leonidas Trujillo, aquel hombre que llevó el país a la gloria, una gloria que sobre el mantel contemplaba el progreso de la nación, y por debajo, las podridas acciones de su perverso gobierno. Sin embargo, Trujillo era el Dios dominicano.
La historia nos traslada versátilmente entre los años 1992 y 1961. Corre el año 92, Urania Cabral regresa a Santo Domingo, su ciudad natal, era hija de Agustín Cabral “Cerebrito”, mano derecha de Trujillo. Urania o mejor conocida como “Uranita”, retorna sólo por unos días desde su actual hogar, Manhattan, para encontrarse con su padre, que desde hace 31 años no lo veía. Uranita evoca los tiempos de su adolescencia ante su tía, su prima y precisamente, su padre, desdichado por una enfermedad que no lo deja mover ni hablar, casi un objeto; ella les explica, a partir de los recuerdos, el motivo de su partida y el silencio de su existencia.
Entre los años 60 trujillistas, yacen los recuerdos de Uranita que desde el 92 comienza a rememorarlos; su padre Agustin Cabral era el Presidente del Senado, uno más de la partida de marionetas de Trujillo, bastaba con que el General estrujara sus dedos, y todos estaban a su disposición. Todos, desde el mojigato de la esquina hasta los cabecillas del partido dominicano, ellos se desvelaban por el jefe, ¿qué haría usted en tal caso?, preguntaba el jefe, lo que usted me ordene su excelencia, era la respuesta común para complacerlo, y quien no le obedeciera, al jefe tampoco le remordía la conciencia para acabarlo. ¡Qué chivo éste! todo lo controlaba.
Leonidas Trujillo era el hombre más rico de la República Dominicana, con una palabra pronunciada, el país callaba, corrían los tiempos de la que fue una de las tiranías más sangrientas de América Latina, revestida de gloria, como lo dice la canción de la película “era gloriosa vive mi país”. El poder, las riquezas, las fiestas y el apetito sexual por las mujeres, le adjudicaron como cognomento “El Chivo”.
Uranita recuerda las atrocidades del régimen, a tal punto que terminó explicándole a su familia el verdadero motivo de su partida y el silencio en 31 años, ella fue víctima del abuso sexual cometido por Trujillo a sus 14 años. Luego de que su padre “Cerebrito” fue destituido del Senado por su irregular comportamiento, la vendió al jefe para demostrarle su lealtad y recobrar la confianza ante éste.
Paralelamente a todos los acontecimientos inhumanos cometidos por los trujillistas y su amo, un grupo de antitrujillistas como Antonio de la Maza, el almirante Viñas y el teniente Amado García, encabezaron la conspiración contra Trujillo, no para derrocarlo, sino para asesinarlo. Efectivamente, una noche cuando el jefe viajaba de Santo Domingo a uno de sus ranchos, fue interceptado en la carretera, y seguidamente abaleado. Es el fin de Trujillo, del general, del jefe… del Chivo, y con él se va su era.
La Fiesta del Chivo es un legado del patrimonio caribeño, una valiosa obra que cobró vida desde las páginas de la novela homónima del escritor Mario Vargas Llosa, para llegar a la pantalla grande y despertar la historia dormida que sueña con borrarse del pasado dominicano, aún así cuando sabemos que es parte de nuestra raza, de nuestro continente, es el ayer inherente de nuestro presente, la experiencia de una dictadura que muy bien puede estar gestándose paulatinamente en uno o algunos de los actuales gobiernos latinoamericanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario